Mis anónimos imprescindibles

Voy a contar una historia de almas que hacen de Alborinco un lugar vivo, un espacio en el que puedo disfrutar de la gente.

Voy a contar parte de lo que me hace vibrar y emocionarme cada semana.

Si llegas a la Calle Velarde nº2 verás un toldo con la palabra Alborinco. Letra arial black o rounded MT bold. Nunca sé cuál es porque lo que importa es que sea legible, sencilla, de palo y amable. La palabra queremos que se lea con amabilidad.

En Alborinco el márketing está basado en la intención de salir del márketing para centrarnos en lo que de verdad nos parece importante, el contenido.

En el contenido están las personas fundamentalmente.  

En apariencia es una tienda. Si entras verás estanterías llenas de cajas con verduras frescas. Un mostrador donde se despacha. Un sillón al fondo para invitar a la tertulia y al descanso. Un cajón de gavetas con juguetes que alguien ha dejado por allí.

Está todo lo necesario para sentirte como en casa, nutriéndote de los regalos de la tierra.  

Da el pego de ser una tienda. En verdad no es eso exactamente. Es un lugar con alma. Se nutre de personas dejando para otro tipo de negocios a los clientes.

Empezó estando en el barrio sin el barrio. Al principio era necesario hacerlo así porque la experiencia y la cintura se gana con el tiempo.  

Ha pasado el tiempo, nos hemos mantenido y hemos madurado mucho. La gente del barrio a la que al principio le poníamos demasiados obstáculos porque queríamos evitar las sospechas, el miedo a ser competencia y cosas por el estilo, hoy ha ido ocupando su lugar dentro de este espacio lleno de alegría y buen rollo.

Cada día escuchamos la muleta ligera del hombre alto que no cabe en sí y nos dice gurmorning,si es por la mañana y gorafternun si es por la tarde. –Ay espikinglish- y nosotras le contestamos en inglés, ¡¡ofcuourse!!, have you a good day!!, -Yutu- contesta sin parar su marcha.

Más a la tardecita viene el hombre de la risa con su bastón de paso lento. Conocíamos a su  adorable compañera a la que dejaba en el sofá, porque nos hablaba de ella con absoluta ternura y amor. Hoy viene sólo, su compañera dejó el sofá para siempre. Seguimos escuchando su bastón de paso lento cada día. Llora y ríe con nosotras.

_Cómo está la playa de Valsequillo?- nos pregutna a pura carcajada-a la vez que se pone la mano en el pecho y exclama- ay dios mío..calla, calla- y deja correr lágrimas.

-¡¡Hoy tormenta cristiano!! Y fría como el demontre- le respondemos con la boca destornillada desde la quijada- a la vez que le pasamos la mano por los hombros y le decimos- ¡Ánimo!!, si necesita hablar sabe que estamos aquí- Gracias mihija.

-Adios guapa- nos grita el muchacho que cuida a su madre- ¿cómo estás hoy?-

-Bien, siempre en lo mismo  ¿Y Tú?-

-Eso es bueno, por lo menos hay trabajo. Voy  a echarme el cafecito- dice mientras se va queriendo atrapar las mariposas del aire.

-¿Quieres cambio?- nos pregunta el muchacho que vende ciegos en la esquina. – ten cuidado con la gente que gusta de lo ajeno, el coche hoy lo has dejado muy esquinado-nos advierte

-Descarga las monedas- le decimos- nos viene genial el cambio que hoy andamos peladas.

-¿Hay algo para mí?- nos pregunta el hombre que nos ha confesado que la vida es un suspiro, hoy estas y mañana no sabes, así que mejor tomarla con calma y no apurarse con nada.

-Sí, cuanta razón. Ahí tiene los cubos llenos. Le he apartado el cubo de las cabras con vegetales secos, el resto son mezclas húmedas para las gallinas.

-Hoy anda por el barrio una estafadora que se hace pasar por alguien a quien le devolviste mal el cambio. Intentó estafar al muchacho de la esquina.

-¿TE limpio el coche?- nos pregunta el hombre que adora su profesión. -Lo que me priva es limpiar coches.

Con un pequeño cubo de agua hace milagros.

-Le puse hasta ambientador- dice cuando acaba el trabajo, con la sonrisa de un niño que sabe que va a dar una buena noticia.

-¡¡Ay!!, cómo te lo agradezco, pero no te preocupes en otra ocasión con el ambientador. No me sienta bien en las vías respiratorias- le digo guiñándole un ojo y dedicándole una sonrisa.

-Ya lo sé para otra vez- dice sin perder la suya-pero ya me lo dijiste al vez anterior y me volví a olvidar. Mi memoria está defectuosa-vuelve a reírse-por eso limpio coches, si no, sería médico- y sigue riendo.

Me río con él.

-¿Tienes una revista para leer?- nos pregunta la mujer alta como una jirafa y mirada de vaca. Su paso es largo y elegante.   Su vida, un eterno paseo en bata de pijama.

-Tome,  tenemos esta que nos han dejado por aquí. No es necesario que la devuelvas.

-Gracias mi niña. Esto es para entretenerme. El día se me hace largo.

Y así nos vamos nutriendo de personajes del barrio que nos cuidan y a los que queremos. Son cada vez más imprescindibles. Nos alegran el día y disfrutan de todo el jaleo que se monta los cuatro días que estamos en el Alborinco de la verdura. Ya sabes que Alborinco significa alboroto en Lanzarote.

Ellos, como nosotras, van tomando su lugar.  Los extrañamos cuando no los vemos. Los abrazamos cuando sabemos que pasan por un mal momento. Vamos conociendo sus vidas y poco a poco el barrio también va siendo una familia.

No les pedimos nada y ellos no piden nada. Se van instalando en la naturalidad de ser quienes son. Seres sencillos que habitan el barrio. Alborinco para ellos estoy segura de que no es una tienda, ni un negocio. Cuando llegan aquí olvidan que declaramos a hacienda, que sanidad nos controla o que tenemos que rellenar estupideces que dejan tranquila una inspección.

Saben que tienen permiso para ser quienes son sin que necesitemos que sean clientes.

Nos hacen un servicio maravilloso. Jose con el cambio nos evita ir al Banco, Carmelito nos soluciona la gestión de la materia orgánica, Antoñito nos saca la sonrisa y nos desata la ternura, Miguel nos da alegría con su piropo cada día y Domingo nos ayuda a mantener el inglish pitinglish actualizado.

Me falta por nombrar el bar que nos guarda la llave, la señora que nunca trae bolsas porque nunca va a venir a comprar, la que vive en el bloque de enfrente y manda a la amiga a buscar los huevos ecológicos. ME falta por nombrar mucho más, pero con lo nombrado creo que es suficiente para entender lo que pretendo expresar.

Un negocio con alma empieza a ser un lugar, un sitio, una comunidad.

Muchas personas que llegan comentan que respiran muy buen rollo. Algunas se preguntan dónde está la magia. Yo diría que está en la sencillez de dejar que las cosas sean como son.

 

Loli Rodríguez

 

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