CONOCIENDO A NUESTROS PROVEEDORES. SALVADOR, EL DE LAS HABICHUELAS Y MUCHAS COSAS MÁS….

Escrito por Inma Rodríguez

Después de entrevistar a Antonio, de La Aldea, Miguel, de Telde, Jesús, de Valsequillo, y Beatrix, de Tejeda, de los que hemos aprendido mucho, continuamos esta serie que esperamos se vaya  completando poco a poco, con la finalidad de dar a conocer a la cada día más numerosa familia de Alborinco.

Asi pues, hoy nos encontramos ante uno de los escasos productores dedicados a esta labor en exclusiva.

Se trata de Salvador, con su finca en Tenoya.

SALVADOR

 

Hola. Fue el año 87. Trabajaba en Las Palmas. Mi amigo Luis Vallejo, secretario de la asociación  de Vegetarianos Canarios, me pidió que lo acompañara a buscar verdura ecológica. Yo le pregunté qué era eso, y me contestó:- tú ven y lo verás. Fuimos a una finca en Tafira Baja, de Ricardo Pineda. En ese tiempo ese lugar era el referente de este tipo de cultivo. Ricardo sacó una zanahoria de la tierra, la sacudió y me dijo: -Prueba. Y yo: -¿sin lavar ni nada? -Prueba. Estaba deliciosa. Pregunté por la variedad: -La misma que compras en el supermercado, pero cultivada sin productos químicos.

Me dio papas para llevar. Cuando las sancoché, me vino a la boca la sensación y el recuerdo de las papas de la infancia, que mi padre cultivaba solamente con estiércol. Un sabor como dulzón.

Y entendiste que la agricultura ecológica era lo que practicaba tu padre. El concepto enlazó con tus raíces.

 

Pues sí. Comprendí, porque dentro de mi había ya una inquietud. Tenía ganas de cambiar de actividad, de hacer algo que fuera sano, favorable. Una aportación al avance del proceso humano. A  darnos cuenta de lo que comemos y por qué. Yo era ya vegetariano en esa época. Tal vez eso contribuyó a mi comprensión y al desarrollo de esa necesidad de cambio a la que todavía me cuesta ponerle la palabra justa. Quería algo que fuera beneficioso en un doble sentido: toma de conciencia, conservación y mejora de la salud.

¡¡Y también beneficioso para mi, que quería vivir de ello!!.

-Háblanos de la particularidad de tu trabajo.¿Qué diferencia representa con relación a las personas que comparten su tiempo con otra actividad?  

Toda la familia vive de mi trabajo. Eso significa más dependencia de los elementos, y más trabajo. No es fácil. Puedo dedicar una media de 12 horas diarias.

-Pues sí que es mucho tiempo. Cuéntanos cómo es una jornada laboral para ti.

Se comienza desde que amanece o un poco antes. Hacemos un alto de 20 ó 30 minutos para comer.

Según la tarea, el almuerzo puede ser entre la 1 y las 3 de la tarde. Y seguimos hasta el atardecer.

Los sábados termino a las 3 más o menos, y los domingos puede ser a veces como los sábados, pero normalmente invierto 3-4 horas. No tengo un día completo libre.

Este verano ha venido especialmente largo, duro, seco y caluroso. Ha sido necesario regar a diario y hasta dos veces. Tengo riego por goteo, pero no está programado.

Si  hay algo que plantar, se hace a primera hora, y luego se riega.

No puedo atender a las sugerencias de permanecer a la sombra a las horas de más calor. Bebo mucha agua. Ya ves; esa sugerencia sí la puedo seguir.

-¿Dónde se encuentra tu finca? 

En Tenoya. Entre Las Palmas y Arucas. Vivo en Arucas, cerca de la finca y de la ciudad.

El terreno se encuentra en una ladera y es muy pendiente, en la falda de una montaña. El acceso es complicado; paso por una pista de tierra y piedras a través del barranco.

-¿Cómo fueron los comienzos?

La finca es arrendada. Me dijeron que la tierra estaba bien porque habían cultivado plataneras anteriormente. Pero a esas alturas estaba llena de hierbajos, arbustos y hasta árboles variados: galán, también llamado leñero, bobo, hediondo…, aulagas, tabaibas. Se encontraba muy abandonado y la tierra era completamente estéril.

La acequias que habían regado las plataneras estaban rotas y tiradas. Estuvimos durante un mes tres personas sacando piedras y arbustos.

Los primeros cultivos se dieron muy mal. Tenían incluso colores raros. Las verduras eran pequeñas, feas, raquíticas. Fue una labor de mucha tenacidad. La tierra estaba hambrienta y sin práctica de producir. Pero a los conejos les gustaba mucho; se lo comían todo.

Fue necesario poner tela metálica por todo el perímetro, para mantenerlos fuera.

-¿Y tú cómo llevas todas estas circunstancias complicadas? 

A veces me canso. Es un trabajo muy duro. Hay que pagar la Seguridad Social y hay gastos. Pero me gusta, me agrada. Porque si no, física y mentalmente sería agotador. Tengo a mi favor que soy fuerte y resistente. Pero a nadie le gusta dedicar tanto tiempo en este tipo de actividad. Me gustaría combinar con el ocio. No tengo tiempo para eso.

Bueno, en realidad practico otra actividad: dos veces por semana doy clases de yoga, a lo que me dedico desde hace mucho tiempo.

-Cuentas con la colaboración de tu pareja en algunos aspectos. ¿Cómo se distribuyen las tareas? 

Ella puntualmente recolecta algo, y asiduamente se dedica al transporte de la producción desde la finca hasta el local de Alborinco.

-¿Quieres hablarnos de tus proyectos? 

Quisiera buscar un terreno más cómodo, llano y con un buen acceso.

Llevo 10 años con esta finca.

-¿Cuál es tu opinión del debate sobre Soberanía Alimentaria?

Es lógico y racional. Es una necesidad. Tiene que cambiar la agricultura intensiva. No es natural por la rentabilidad y por el uso de tanta química y la violencia que supone para la tierra, para la vida. 

-Un día hablamos de tu dificultad para tomar vacaciones. ¿Cómo lo resuelves? 

No lo puedo resolver. Podría ser en verano, pero el calor no lo permite. La última vez que me fui era el año 90. Dejé a una persona a cargo, pero la temperatura subió bruscamente y no fue capaz de improvisar y cambiar las pautas que le había dado para el riego.

Si paras la producción para irte, un mes te puede costar 3 ó 4 de gastos sin producción, y eso sale demasiado caro.

Veo que ahí tienes un gran escollo en tu quehacer.

-¿Qué cultivos tienes? 

Variado. Este año ha habido problemas de agua. Sólo tuve tres productos: habichuelas, tomates y calabacinos.. Hasta mayo tuve también coliflor y brócoli.  Ahora estoy empezando con más: acelgas, escarolas, pimientos, berenjenas, más coliflor, un poco de aguacate…

-¿Cuándo empezó  tu colaboración con Alborinco?

Casi desde el principio, en casa de Loli, en esa memorable etapa en que solo había dos o tres productos.

Eso es creer ciegamente en un proyecto…

-¿Cómo te sientes en tu colaboración con esta gran familia?

Muy bien. Está en sintonía con lo que había pensado, porque el agricultor no puede hacerlo todo y está bien que se pueda canalizar a través de algún lugar.

-¿Y  qué le pedirías al colectivo? 

Me gustaría que el proyecto siga creciendo.

-Según tu experiencia ¿Se puede vivir de esto?¿Con qué condiciones?

Sí se podría si consiguiéramos vender toda la producción en el mercado ecológico. A veces tengo excedentes y lo vendo en el convencional.

Unos ejemplos de muestra: En el mercado convencional me han pagado 15 céntimos por los puerros; en Alborinco los vendo a 1.70€ (los puerros permanecen una media de cinco meses en la tierra); por unos calabacinos he recibido entre 20 y 40 céntimos, y en Alborinco los vendo a 1.60€. 

Muchas gracias, Salvador. Entiendo bastante más ahora todo el trabajo y el esfuerzo que llevan como valor añadido las habichuelas y los puerros que me como.

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